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La salud mental en las familias migrantes: ¿jugar para sanar los traumas?

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La Unicef, la Fundación Lego y Sesame Workshop se reunieron para hablar sobre por qué es tan importante prestarle atención a la primera infancia en contextos de desplazamiento y movilización. Foto: Unicef – Unicef
Los niños y las niñas migrantes desplazados por la violencia tienen problemas para encontrar cómo expresar sus emociones. Se necesitan más programas que los ayuden a ellos y a sus padres a comunicarse.

En 2020, durante uno de los momentos más difíciles de la pandemia, dos invitados muy especiales llegaron a revolucionar una de las familias ficticias más populares del mundo: la de Plaza Sésamo. Se trataba de Noor y Aziz, dos gemelos rohingyas de seis años que se integraron al programa de televisión para aparecer junto a Elmo y sus amigos, con el objetivo de educar a los niños en el campo de refugiados más grande del mundo sobre las condiciones del desplazamiento forzado, el bienestar social y emocional, y la salud mental.

“Estos son dos Muppets de Sesame muy especiales: para la mayoría de los niños rohingyas, Noor y Aziz serán los primeros personajes en los medios que se ven y suenan como ellos”, explicó en su momento Sherrie Westin, del brazo sin fines de lucro del programa, la fundación Sesame Workshop.

Meses antes, Plaza Sésamo ya había dado luces de lo que quería hacer para abordar las nuevas y distintas crisis humanitarias que se producen en contextos de guerra y violencia: darles su lugar a quienes lo necesitaban y ayudarles a encontrar su voz también. Tras una investigación en Jordania y Líbano, Sesame Workshop encontró que los niños desplazados por la violencia en Siria tienen problemas para expresar sus emociones y que había que hacer algo por ayudarlos. Así nació “Bienvenido Sésamo” (Ahlan Simsim, en árabe).

“Bienvenido Sésamo” es un proyecto con el que Plaza Sésamo buscaba ayudar a la primera infancia a identificar las emociones como la ira, la soledad y la frustración para comunicarlas sin usar modelos ni técnicas negativas ha sido muy bien recibido, y ha contado con una gran inversión. Lo que se está empezando a ver tras esa primera etapa de éxito es que el modelo se puede aplicar a otras diásporas como la venezolana, o más reciente la ucraniana, en la que los niños y las niñas también requieren asesoría para comprender y manejar sus emociones en otros idiomas.

La semana pasada, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, la Unicef, la Fundación Lego y Sesame Workshop discutieron por qué es tan importante prestarle atención a la primera infancia en contextos humanitarios y de conflicto. Estas organizaciones reconocen que los niños y las niñas son los más vulnerables, pero hay muy pocos programas e iniciativas que se enfoquen en este segmento de la población y que trabajen con un enfoque diferencial, además de los pocos recursos que hay enfocados desde la ayuda humanitaria de gobiernos y organizaciones globales para este reto. Pero para atender la salud mental y el bienestar social de la primera infancia también hay que prestarles atención a los padres y madres.

“Las afectaciones en salud mental que tienen los cuidadores permean la relación que tienen con sus hijos. Esto es algo normal. Las personas están bombardeas por los efectos del conflicto, la exclusión, el desplazamiento y la pobreza, y todo eso desborda sus capacidades emocionales. Como consecuencia de esto vemos relaciones inestables, inseguras, estrategias negativas como castigos, violencia doméstica y, en general, relaciones afectivas un poco frías. Los cuidadores tienen tanto en sus cabezas, que no tienen la capacidad para responder a lo que los niños necesitan.

Esto se traduce en problemas para el desarrollo de los niños, que necesitan relaciones seguras con el cuidador, porque son ellos los que les van a permitir empezar a entender el mundo y regular el estrés. Y cuando están en zonas de conflicto, es aún más necesario estas relaciones necesarias, cariño y comprensión. En la medida de que los adultos están con problemas de salud mental, esto resquebraja a los niños y les transmiten ansiedad y depresión”, explicó Andrés Moya, profesor asociado e investigador principal de la Facultad de Economía, Universidad de los Andes.

El duelo se presenta en muchas formas: en estrés continuo, por no saber cómo responder a las necesidades económicas; en confusión e incertidumbre, por no saber cuándo se volverá a tener estabilidad; en aislamiento, desespero o insomnio, por no contar con un sistema de apoyo eficaz y adecuado, o en rabia y culpa, por haber tenido que huir. También, en la mayoría de casos, en depresión por alejarse de la familia, los amigos y la cultura que nos formaron y nos ayudaron a crecer. Todas las situaciones de conflicto y desplazamiento forzado comparten condiciones similares que conducen a traumas en la salud mental, y se pueden ver en todas las diásporas y olas migratorias, sin excepción: en la de Venezuela, Siria, Afganistán y más recientemente con la de Ucrania, por ejemplo. Y es la primera infancia, a la que pertenece la hija de Luis, la población más vulnerable para sufrir trastornos. Para ella, así como para su madre, la vida en Venezuela no será óptima sin la figura paterna de Luis cerca. Todo el núcleo está sufriendo por la separación.

Luisa Fernanda Ruiz y David Alejandro Rodríguez, de la Organización Internacional para las Migraciones, explican que “la ausencia del padre deja una carga excesiva para las madres solteras que quedan en el lugar de origen para brindar atención a los niños y otros miembros dependientes de la familia, manifestando mayores problemas de crianza con sus hijos… los niños pierden la referencia de los padres en su rol, su autoridad y su papel como proveedores de amor y cuidado material. De esta forma, los padres son reemplazados gradualmente por otros miembros de la familia, generalmente por las abuelas y tías en el caso de la migración femenina”.

Los expertos señalan que “el impacto emocional de las migraciones en los niños y mujeres está caracterizado por la desintegración familiar y los desafíos en la crianza de los hijos. Esto puede llevar a la adopción de conductas de riesgo por parte de niños y jóvenes, y a una mayor vulnerabilidad a la violencia, principalmente el abuso y la explotación sexual. Las separaciones resultantes de la migración erosionan las estructuras y relaciones familiares”.

¿Qué se puede hacer para que los padres, cargados con sus propios problemas de salud mental, estén conscientes sobre la importancia de su rol para el buen desarrollo de sus hijos? Lo primero es hablar y tener claro que abordar los efectos de este duelo migratorio es un pilar para el progreso de las familias migrantes.

Moya empezó en 2014 Semillas de Apego, un proyecto de manera académica que ha ido transformándose en un emprendimiento social para trabajar con personas desplazadas, comunidades impactadas por el conflicto y migrantes de Venezuela con el objetivo de ayudarles a los cuidadores de niños y niñas a convertirse en una fuente de protección emocional para sus hijos.

“Reconocimos que no podemos trabajar en la recuperación social y económica de las familias, y en el objetivo de que estas salgan de la pobreza si no reconocemos los problemas de salud mental también, pues son inherentes y bastante visibles en estas poblaciones”, dice Moya.

Semillas de Apego hizo una alianza con psicólogas y psicólogos del Centro de Investigación en Trauma Infantil de la Universidad de California que estaban desarrollando una serie de programas y guías técnicas con el objetivo de tratar con familias migrantes en Estados Unidos. A partir de esta relación surgió un currículo con el que ofrecen más de 15 sesiones grupales semanales para que los cuidadores procesen llaves y herramientas para comprender cómo los niños y las niñas quedan afectados por las experiencias adversas y los traumas, y cómo pueden enriquecer y estimular el cuidado. Así como se está trabajando para que los niños y las niñas aprendan sobre sus emociones, no se puede descuidar la pedagogía sobre los padres y madres. Es por eso que los formatos de Plaza Sésamo han sido tan oportunos. Moya dice que ya se encuentran uniendo esfuerzos para combinar sus técnicas y enfoques.

“Ellos desarrollaron su programa ‘Bienvenido Sésamo’ para niños refugiados en Siria, además están desarrollando una serie de contenidos digitales que permiten una adaptación más rápida. Nosotros lo que vamos a hacer con sésamo es integrar sus videos a nuestro programa de Semillas de Apego con las madres con las que trabajamos vamos a poder llegarles a las mamás y también a los niños”, señala Moya.

Las poblaciones migrantes necesitan un buen cuidado de la salud mental, pues como afirma Moya, presentan muchos más traumas que otros grupos. Para esto, el experto dice que se necesitan más esfuerzos de los medios para visibilizar estas necesidades y propuestas para romper con los estigmas y tabúes que impiden que se reconozcan problemas de manera oportuna. “El trauma es normal frente a eventos anormales y traumáticos. Lo raro sería que pasen estas cosas y uno no se afecte emocionalmente”, señaló Moya. De la misma manera, urgen nuevos formatos que ayuden a hacer pedagogía sobre la salud mental en los migrantes. ¿Pueden los títeres, el juego y los bloques de Lego ayudar a sanar los traumas? Esta es la gran apuesta. Más de 50 años de trabajo en el campo de la educación, y el sello de ser la serie educativa más popular de todos los tiempos, respaldan su idea. Eso sí, se tiene que buscar cómo integrar a los padres a los programas también.

Fuente: elespectador


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