América NorteUna niña perdida en la burocracia norteamericana

Una niña perdida en la burocracia norteamericana

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NAYELI CARDONA CARLIN

Yanira y su hija María migraron de El Salvador a Estados Unidos. Al llegar a la frontera, la niña fue encerrada y la madre deportada. Entre julio de 2017 y enero de 2021 el gobierno de Estados Unidos perdió contacto con miles de niños que fueron puestos en custodia temporal con familiares o asociaciones civiles. María es una de ellas y su madre aguarda en la frontera para encontrarla

TEXTO: NAYELI CARDONA CARLIN**

FOTOS: NAYELI CARDONA CARLIN Y DAVID PEINADO / PEXELS

Tijuana, Baja California- Anochece en Tijuana. “Yanira Martínez” acomoda cuidadosamente la ropa y los juguetes que ha ido comprando poco a poco para su hija María, tiene la esperanza que un milagro le permita abrazarla de nuevo. Nunca se separa de su celular, espera ansiosa la llamada que anuncie que finalmente la han localizado y pueden reunirse nuevamente.

“Jamás pensé que esto pasaría, de haber sabido nunca hubiera venido. Nadie nos dijo que esto podía pasar. Nadie me decía nada” confiesa Yanira con voz entrecortada. Ha contado su historia cientos de veces y aún así, sus ojos se llenan de lágrimas al recordar los detalles.

En 2018, Yanira y su hija María, que entonces tenía seis años, emprendieron el viaje desde El Salvador con destino a Estados Unidos. Meses antes, su hermano menor había sido asesinado a la puerta de su casa en Tenancingo; la pandilla que lo acribilló amenazó de muerte a Yanira si no pagaba una supuesta deuda pendiente. Según cifras oficiales, en esa época Tenancingo era considerado uno de los municipios más violentos del país centroamericano.

Yanira había escuchado que el camino sería  cansado, pero estaba especialmente preocupada por los peligros que enfrentarían al cruzar México: robos, violaciones, accidentes -sobre todo a bordo del tren conocido como La Bestia, que transporta casi medio millón de migrantes anualmente desde la frontera sur hasta los estados de la frontera norte-;  además de los secuestros y desapariciones forzadas.

Para tratar de evitar todo esto, decidió gastar todos sus ahorros y pagar un “coyote” que las llevaría a la frontera donde cruzarían para solicitar  asilo. Acorde a lo expresado por los migrantes, ellos pagan entre mil 800 y 12 mil dólares por el traslado, alimentación y cruce de frontera. El precio varía de acuerdo a los medios de transporte utilizados, y si se incluye la expedición de identificaciones falsas. La encuesta sobre Migración Mexicana, que realiza la Universidad de San Diego (MMFRP*) muestra que más del 80 por ciento de los cruces ilegales en la última década se realizaron con el acompañamiento de coyotes.

DOS DÍAS SIN LUZ NI AIRE

Yanira y su hija viajaron confinadas en la caja de un camión de carga, abarrotado por al menos un centenar de migrantes de diferentes nacionalidades, sin acceso a baños, comida o agua. El trayecto fue largo y tedioso, por momentos platicaban bajito sobre sus anhelos para el futuro: la escuela a la que María asistiría; lo rápido que aprendería inglés , especialmente porque ya sabía los números y los colores; la casita que, con un poco de suerte y mucho trabajo, comprarían, eran esos instantes donde la esperanza inundaba sus corazones y el sacrificio tomaba sentido. Pero esos momentos eran  escasos, había largos silencios y muchos sobresaltos cada vez que se detenía el camión a recargar combustible o en esperas que les decían eran para intentar librar los retenes, en esos momentos rezaban con voz callada y sus manos entrelazadas.

La luz era escasa, dormir era casi imposible, pero intentaban cerrar sus ojos para guardar energías para el resto de la travesía. Pasaron más de dos días enteros, antes de que Yanira y su hija pudieran nuevamente respirar aire fresco.

Cuando finalmente el camión se detuvo a las afuera de San Luis Río Colorado, tomaron unos sorbos de agua y devoraron un paquete de galletas antes de iniciar la travesía a pie. Yanira recuerda que ese fue el único momento donde María le pidió volver a casa; no solamente estaba cansada,  sino la obscuridad y el frío de la noche le aterraban. El grupo arrancó a caminar, fueron un par de horas durante las cuales el “Coyote” las guió entre veredas hasta un camino de terracería, ahí el colectivo se dividió entre los que seguirían caminando por el desierto, y los que debían esperar a la patrulla fronteriza para entregarse y poder ser consideradas como peticionarias de asilo.

Foto: David Peinado / Pexels

En el momento que vieron las luces de la patrulla fronteriza, Yanira dice que sintió alivio, creía que lo peor de la travesía había terminado; habían vencido al camino, al desierto y sobre todo al miedo. Recuerda que los agentes las trataron con respeto y hasta amabilidad durante el traslado al centro de procesamiento para migrantes en Yuma, Arizona. El lugar estaba a máxima capacidad, no había bancas disponibles, y así sentadas en el piso y cargando el cansancio del camino tuvieron que esperar varias horas antes de ser entrevistadas.

ENCERRAR NIÑOS, DEPORTAR PADRES

El sistema de centros de detención se desbordó en 2014, cuando llegaron en un año más de 60 mil menores no acompañados, estas cifran han continuado creciendo exponencialmente, solamente entre noviembre de 2020 y abril de 2021 llegó la misma a cantidad de niños y jóvenes sin padres o tutores legales. Los procesos de deportación se aceleraron y cerca del 90 por fueron deportados en cuestión de días, sin considerar siquiera las situaciones de peligro que enfrentan en sus países de origen.

La política Tolerancia Cero en la Administración de Donald Trump incrementó el estrés en el sistema que atiende a los menores, ya que al creciente número antes mencionado, se sumaron  todos los casos de  niños que fueron separados de sus padres y cuyos casos fueron remitidos a la Office of Refugee Resettlement (ORR) que es la encargada de atender las peticiones de asilo. Entre julio de 2017 y enero de 2021 un total de 3,951 menores fueron separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos y México.

Yanira no sabía que enfrentaría las políticas recién implementadas por las autoridades fronterizas que permitían separar a las familias para después acusarlos de entrada ilegal y, en un trámite independiente, procesar a los niños como menores sin acompañantes. El sistema de detención y albergues para menores fue puesto bajo la lupa en el verano de  20128 cuando se conoció que el Gobierno había separado a 2,500 niños de sus padres tras cruzar la frontera juntos. Esos niños fueron enviados al sistema de albergues como si fueran no acompañados, mientras sus padres permanecían detenidos o incluso eran deportados.

Su entrevista duró menos de quince minutos, Yanira trataba infructuosamente de explicar el peligro que corría si eran deportadas a su país. Sin mayor interacción le comunicaron que ella sería trasladada a un albergue temporal pero que su hija, al ser menor, tendría que ir a otro especializado en niños. Yanira dice que jamás pensó que ese iba ser el último abrazo que le daría a su hija en mucho tiempo. Las lágrimas y las promesas de que en pocos días estarían reunidas nuevamente fueron la melodía que acompañó su despedida. Esa promesa no se cumplió. Yanira fue deportada al Salvador; fue deportada sin saber cómo o dónde exactamente estaba su hija y cuando volvería a verla.

LOS NIÑOS PERDIDOS

Las primeras noticias que tuvo de María fueron por intervención de la organización Centro Presente, de ayuda a migrantes; las autoridades estadounidenses aludieron que en cumplimiento al “Acuerdo Flores”, que les impide retener a menores por más de 20 días, y al no encontrar familiares cercanos en territorio norteamericano, habían puesto a María bajo la custodia de un organización religiosa en Alabama.

“El gobierno de Trump recortó los derechos básicos de mujeres y de niños desde que llegó al poder. Los esfuerzos para debilitar o eliminar estándares básicos de protección de menores al hablar de vacíos legales y para eliminar sus obligaciones de cuidar a esos niños son solamente otro ejemplo de cómo la administración ha abdicado respecto al resguardo de los derechos humanos”, dijo Michelle Brané, directora del programa de Derechos Migrantes y Justicia de la organización Women’s Refugee Commission. Las cosas no cambiaron rápidamente con la administración de Biden, pero finalmente el primero de febrero de 2021, se instituyó la ITF (Interagency Task Force) que busca tener un conteo exacto de las familias separadas, pero sobre todo reunificar a los menores con sus padres o tutores legales.

Entre julio de 2017 y enero de 2021, según un reporte de Axios con datos obtenidos de una solicitud de información, el gobierno perdió contacto con miles de niños que fueron puestos en custodia temporal con familiares o asociaciones civiles. Según datos de Administration for Children and Families (FOIA), más del 37 por ciento de las llamadas que las autoridades han realizado para verificar el bienestar de los menores no han sido respondidas. De acuerdo a datos publicados en noviembre de 2021 por la ITF, 280 niños siguen sin poder ser contactados o se desconoce su estado de reunificación familiar.

La separación de familias migrantes terminó con una orden de Trump ante el escándalo nacional.  De acuerdo a cifras de la ITF se identificaron 2,187 niños que fueron reunificados con sus padres durante la administración de Trump, en respuesta, principalmente, a órdenes judiciales y el intenso trabajo de organizaciones no gubernamentales.

Luego de ser deportada a El Salvador y separada de su hija Yanira decidió regresar a la frontera de México con Estados Unidos para poder, desde ahí, tener más información del caso de su hija. Esta vez el viaje lo emprendería al unirse a cientos de centroamericanos que formaron una caravana migrante. Sus recursos eran limitados y en muchas ocasiones sobrevivió solamente con el apoyo ciudadano que recibió en su camino. Afortunadamente encontró un albergue que le permitió permanecer un par de meses hasta que encontró trabajo como afanadora doméstica.

Yanira vive atormentada pensando, no solamente en lo que sufrió su hija durante su estancia en las conocidas “hielera o jaulas” de los centros de detención, sino en qué podría ser víctima de una red de trabajos forzados o explotación sexual. Su lucha no terminó con la abolición de una política inhumana, solamente se hizo invisible y muda para una sociedad entumecida por la siguiente crisis humanitaria.

Mientras tanto, Yanira espera en la frontera e intenta maternar a la distancia, acomodando cuidadosamente la ropa y los juguetes que poco a poco ha comprado para su hija durante estos cuatro años de separación forzada, por una política migratoria.

Mexican Migration Field Reserach and Training Program Survey, UC San Diego.

**Este texto fue trabajado durante el diplomado de Escritura Creativa de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), invierno 2021.

Fuente: laverdadjuarez


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