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Volver por el camino del miedo, el tránsito de los migrantes hacia el norte

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En su tránsito por la Ciudad de México, los migrantes venezolanos que buscan llegar a los Estados Unidos cuentan las vivencias y los retos a los que se han enfrentado. A su lado, personas de Nicaragua, El Salvador y Honduras persiguen el mismo sueño: llegar al sueño americano, el mismo que ha bloqueado económicamente a sus países

Texto: Kau Sirenio,  Fotos: Alexis Rojas

CIUDAD DE MÉXICO. – El viento del Sur los trajo a la Ciudad de México, donde se reencontraron con sus paisanos deportados por el gobierno de Estados Unidos. En la central camionera del Norte se saludan como si se conocieran de muchos años. Y sí lo es, el acento venezolano y el sabor de arepa son los condimentos que los unen. No hay abrazos, solo un saludo y cada quien toma su camino. Buscan un lugar seguro para pasar la noche.

En la central de Norte llegaron venezolanos y nicaragüenses que viajan a la frontera Norte, pero sin brújula por el cuello de botella que se formó en San Pedro Tapanatepec, Oaxaca. Ahí el Instituto Nacional de Migración (INM) les entregó permisos por siete días a los venezolanos y nicaragüenses. Esto les sirve solo para moverse en ese estado.

Los migrantes coinciden que en esta comunidad oaxaqueña fueron interceptados por la policía migratoria de México. Cuentan que los obligaron a permanecer en un albergue improvisado para tramitar la Forma Migratoria Múltiple (FMM). La estación migratoria no cuenta con letrinas. Tampoco con baños para asearse, ni con alimentos.

Amanda Castro, de la organización humanitaria Médicos sin Fronteras (MSF) hace un recuento de lo que ha pasado en esta parada de autobuses:

“Empezamos a monitorear hace un mes y encontramos que ha aumentado la movilidad de personas venezolanas afectadas por el titulo 42, las ultimas políticas que vienen desde los Estados Unidos y que atentan en contra de la dignidad de las personas en transito”.

Y agrega que ven a «muchas personas con bastantes problemas de salud, no solo física, sino también salud mental. Son personas que vienen muy afectadas por el maltrato que sufren en el camino, y la incertidumbre de no llegar al destino que planearon. Hemos registrado que también hay separación familiar, los buses los dejan en esta terminal mientras que el resto de la familia están en otro lado”.

Los motivos de la migración

En lado Sur de la central camionera del norte cientos de personas deambulan en los pasillos. No son solo venezolanos, sino también nicaragüenses, haitianos y hondureños que esperan la salida de los autobuses hacia el norte de México. Los migrantes que llegan a esta estación de autobuses en su mayoría vienen del Sur.

Anthony, de Venezuela, cuenta cómo es el trayecto:

“Vengo de Venezuela. Para estar aquí crucé a pie la selva Darien de Panamá. Es como de película porque no sabes en qué momento suben los controles en las fronteras de los países donde vas caminando. Por lo menos en Centroamérica nos dejaban subir a los autobuses, pero en Tapachula, Chiapas, no. La policía migratoria nos quitaban los boletos de los camiones. Los rompían y lo arrojaban a la basura”.

Cada migrante trae su propia narrativa. Uno dice que se va de migrante por la alta inflación en su país, como Dariel, que explica que “es que la inflación ha empobrecido a los venezolanos, por eso me tuve que salir mi país”.

Mientras, Leoncio, otro venezolano, dice que salió del país por el endurecimiento de la política interna en su país.

Sin embargo, lo que los migrantes no han explicado es que el país a donde buscan llegar para salvar a su familia de la inflación, es el mismo que le impuso el embargo económico a Venezuela desde 2014 con el argumento de que el gobierno de Hugo Chavez promovía la dictadura a los venezolanos.

El bloqueo económico y comercial impuesto por el gobierno de Estados Unidos a Venezuela, limita al Estado venezolano su capacidad de importación de bienes básicos como alimentos y medicinas. También limita la exportación de petróleo, lo que ahorca económicamente a Venezuela, quienes basan su economía en la comercialización de este recurso.

En los últimos años, la injerencia de Estado Unidos en Centroamérica provocó guerra civiles y éxodos de miles de migrantes que salieron a buscar refugio. La inflación internacional no solo afecta a los países del Sur y Centroamérica, sino que vulnera a millones de naciones de todos los continentes.

Movilidad restringida

A falta de chamarras, hombres y mujeres se las ingenian para pasar el frío que empieza a asomarse en la Ciudad santuario de Migrantes. Aunque la atención del gobierno de la Ciudad de México es muy alejada. Pues a 20 días del éxodo de los venezolano, aún no hay un albergue adecuado para recibir a los migrantes en transito.

Sentado en el piso de la central camionera, Carlos Dávila de nacionalidad nicaragüense muestra el permiso provisional que le entregó el Instituto Nacional de Migración (INM). En la parte superior izquierda del papel se lee: “Documento válido en la entidad emisora”.

“Cuando intentamos movernos, nos dijeron que no podíamos porque el permiso es solo para el estado de Oaxaca. Así que nos vimos obligados a permanecer ahí hasta buscamos la forma de llegar a la Ciudad de México”, relata Dávila.

“Hay migrantes retornados y deportados que están llegando con uniforme de Centro de Detención de Estados Unidos por un lado. Del lado Sur, el número de migrantes es mayor aún. Muchos de ellos están enfermos, no tienen comida, ropa y útiles de aseo personal” denunció la religiosa María Magdalena Silva Rentería en la conferencia de prensa este fin de semana.

En la platica con reporteras y reporteros que cubren migración, la religiosa María Magdalena Silva Rentería y el director General del Proyecto Casa de Refugiados, Gerardo Talavera Cervantes, abordaron la movilidad migratoria de los venezolanos que están en tránsito en México. Así como los problemas que enfrentan los migrantes durante el trayecto.

“De 2015 a la fecha se ha multiplicado el flujo migratorio en México. En tan solo tres años, más de medio millón de personas cruzaron en México. En la ultima semana activamos el alerta para apoyar a los migrantes que están en retorno obligado de Estados Unidos y los de transito del Sur a la frontera Norte” recapitula Gerardo Talavera.

La religiosa dijo que alrededor de 200 migrantes iniciaron el trámite para solicitar asilo humanitario. Hasta ahora, se han identificado a 585 personas venezolanas en tránsito en la ciudad de México.

“Se ha detectado adolescentes no acompañados en los grupos de migrantes. Así como una cantidad grande de niños que van con sus papás. En promedio, los hombres encabezan la lista. Le siguen los niños, mujeres y adolescentes no acompañados”.

Las historias que viajan por México

Después de la platica en un salón de la Casa de Acogida, Formación y Empoderamiento para Mujeres y Familias Migrantes y Refugiadas (CAFEMIN), los migrantes platicaron con los reporteros.

Los niños rebotan su balón de basquetbol. Luego intentan encestar pero no lo consiguen. Después llegan varios adultos y se suman al deporte. A un lado de la cancha, un hombre con unas tijeras en mano trata de cambiar la imagen de un migrante. El corte de pelo cuesta 40 pesos “en Venezuela cobro ocho dólares” dice el peluquero.

A un lado de la peluquería Caminante, otro hombre mira atento de lo que sucede a su alrededor. Los niños con la pelota en mano, las mujeres reparten ropas y calzados; y los hombres arman su reta. Él se queda pensativo y se anima a preguntar. “¿Cuantos dólares necesito para llegar a Ciudad Juárez?”.  Así empieza la platica con José Ruiz, de nacionalidad venezolana.

José cuenta que fue deportado de Estados Unidos hace quince días. El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) por sigla en inglés, deportó a la familia de José Ruiz en El Paso, Texas:

“Nos dejaron en Ciudad Juárez, pero bueno nos separaron, a mi esposa y a mí nos mandaron primero a Matamoros, Tamaulipas y después a Oaxaca. De ahí me vine a la Ciudad de México porque quiero llegar a Juárez”.

En la ciudad Fronteriza se quedaron tres hijos de José. “Mi hijo mayor tiene 22 años, el mediano 16 años y la niña de 12 años. Mi hijo dice que ya encontró trabajo allá, por eso quiero regresar, para empezar a juntar algo de plata para empezar a pensar qué vamos hacer: Si quedarnos en México o regresar. Lo primero es reencontrarnos” comparte.

Fuente: piedepagina.mx


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