Europa"Solo una vida feliz": historias de refugiados

“Solo una vida feliz”: historias de refugiados

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Larine, de 6 años, con su madre durante una consulta en la clínica de MSF. © Ghada Safaan/MSF


 

Siham, Fatma, Astlaa Aldin y Fuad tienen algo en común: huyeron de Siria y ahora viven en el centro de acogida de Harmanli, en Bulgaria. Aquí comparten sus historias personales.

Harmanli, a 50 kilómetros de la frontera turca, es el mayor centro de acogida de Bulgaria. Unas 1.500 personas viven aquí hacinadas en alojamientos que en su día fueron cuarteles militares. Para muchos de ellos, el futuro es incierto.

“Uno de los mayores problemas es la falta de higiene y el hecho de que muchas personas estén infectadas de sarna. Si una persona en la habitación tiene sarna, se propaga rápidamente y entonces es difícil tratar a todo el grupo”, explica Waltraud Geppert, referente médico del proyecto, sobre la situación en el centro de acogida.

Muchas de las personas están traumatizadas por la huida y no tienen acceso a ayuda psicológica.

Hablamos con ellos sobre sus experiencias en la huida y su vida en el centro de acogida.

“Pensé que iba a morir”

Siham, su marido y su hija Fatma, de 22 años, huyeron juntos de Siria. Salieron de Alepo el 27 de julio de 2023. Llevan tres meses en el centro de acogida de Harmanli, en Bulgaria. La familia ha intentado cruzar la frontera varias veces.  Siham y Fatma nos hablan de su huida:

“Fue muy difícil pasar de Turquía a Bulgaria. Estuvimos seis días en el bosque. Llovía mucho y nos moríamos de frío. Mi madre se hizo daño. Cinco personas tuvieron que ayudarla para que pudiera seguir caminando. 

El último día en el bosque fue especialmente duro. Mi madre sufría mucho. Tenía mucho miedo por ella. Por suerte, encontramos a otras personas que llevaban analgésicos. Ayudaron un poco a mi madre”.

– Fatma
“Estaba asustada y agotada. Pensé que iba a morir. No creía que sobreviviría con mi herida en el bosque. Fue tan agotador para mí que ya no recuerdo todo lo que pasó en nuestra huida. Ahora siento mejor la pierna. Solo la siento cuando hace frío. Entonces se pone azul.

No me importa si nos quedamos en Bulgaria o vivimos en otro país europeo, siempre que sea seguro”.

-Siham

“Estoy aquí porque tengo que estar aquí”.

Alaa Aldin tiene 24 años y huyó de Siria hace tres meses. En realidad nunca quiso salir de Siria, pero la situación en su país no le dejó otra opción. El destino de Alaa Adlin era Alemania u Holanda porque tiene parientes en ambos países. Ahora está atrapado en Bulgaria debido a un accidente de coche.

“La vida aquí en el campo es terrible. Es sucio. No hay normas. Nadie nos cuida.

En realidad no pensaba quedarme en Bulgaria, pero tuvimos un accidente: iba en un coche con otros refugiados. Tuvimos un accidente. Llamamos al número de emergencias y vino la policía de fronteras. 

A dos de nosotros nos llevaron al hospital. El resto tuvimos que esperar en la fría celda durante casi 10 horas. Luego nos llevaron al centro de acogida de Harmanli.

Ahora estoy esperando que me concedan el asilo para poder visitar a mis familiares en Alemania o los Países Bajos. Mi deseo es tener una vida mejor y vivir en un país seguro. Espero que Siria vuelva a ser algún día el país que era antes de la guerra. Si eso ocurre, sin duda volveré allí”.

 – Alaa Aldin

“Solo quiero vivir una vida feliz”

Fuad vive en el centro de acogida de Harmanli desde agosto. Tiene 26 años, es de Joms (Siria) y está desesperado por las condiciones del campo.

“Está bien que aquí sea seguro. Pero eso es lo único bueno aquí. Las condiciones higiénicas son muy malas. Muchos de los edificios y habitaciones están rotos y necesitan reparaciones urgentes. Realmente no se puede vivir en la mayoría de las habitaciones. Muchos ni siquiera tienen una manta o un colchón para dormir. No hay calefacción, aunque hace un frío que pela.

Estoy cansado de estar siempre huyendo, solo quiero vivir una vida mejor como todo el mundo. Solo quiero vivir una vida feliz”.

Fuente: msf.es


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